Análisis de El árbol de la ciencia de Pio Baroja


Pío Baroja, en sus memorias, había escrito que El árbol de la ciencia era la mejor que había escrito, de entre las novelas de carácter filosófico y que probablemente era el libro más acabado y completo de todos los suyos. Y así es considerado por la mayoría de la crítica, que coincide con esta opinión.

El árbol de la ciencia, novela publicada en 1911, es casi una auto-biografía de la juventud de su autor. Podría decirse que el pasado y el presente se disputan la inspiración del novelista en esos años de plenitud creadora, cuando Baroja vuelve la mirada hacia su juventud, en un gesto que el novelista repetirá a menudo. El árbol de la ciencia es así, un libro híbrido, puesto que recupera un pasado autobiográfico, relativamente próximo, pero injertado en la experiencia del presente que vive Baroja en la misma España de la Restauración.

Es una novela desesperanzada, protagonizada por un héroe inseguro e inadaptado, que termina suicidándose. Y, sin embargo, la novela está llena de vida y de verdad y el pesimismo que rezuman sus páginas está compensado por las ganas de vivir que tiene el protagonista, a pesar de todas sus vivencias negativas.

Composición de la novela

El sentimiento del pasado, más que como un tiempo que fue, viene a aparecer como una referencia de algo que es posible, desde el mismo momento en que se actualiza. Por lo cual, y desde el mismo momento en que esa persona se decide a ser historiador, como vemos que sucede en el caso de Pio Baroja, ha de aceptar y asumir que debe ampararse en una postura que ha de ser tan humilde como respetuosa con aquel cúmulo de hechos que se pretende conocer para reutilizar en un relato histórico que debe ser en el mismo tan veraz como posible. El historiador, nos dice Pío Baroja en diversas ocasiones, lo más que podía hacer en un relato, era aproximarse a lo que había sido y para ello no había mejor fórmula que hacerlo desde la realidad posible que ofrecía la ficción en lo que era el relato literario que se conociese por novela histórica o, sencillamente, por novela. (Regalado y Lasaga: 2011: 15).

El árbol de la Ciencia es una novela en la que el personaje de Andrés Hurtado da unidad al relato, hilvanando multitud de elementos: personajes, ambientes, lugares.

Dada la libertad característica de la novela barojiana y a que el propio Baroja afirmó estar poco interesado por las teorías estéticas, cabe preguntarse si en su novela se da la ausencia de plano o la despreocupación por el estilo y la composición. No es así en absoluto, sino que, premeditadamente o no, se da una composición simétrica, a pesar de la afirmación de Baroja de que escribe sus libros “sin plan”.
En lo referente a la vida de Andrés Hurtado, distinguimos dos grandes bloques. El primero corresponde a su formación, sus estudios en Madrid, sus primeras experiencias, comienza a leer filosofía y se convence de las ideas de Schopenhauer. Andrés se muestra pesimista ante el mundo y la sociedad que va conociendo se va formando como persona.

El segundo bloque corresponde a su experiencia como médico. Cuando termina sus estudios, con nuevas ilusiones y desilusiones, su estancia en Alcolea, las experiencias en su trabajo y con las personas que interactúan con él, luego su matrimonio y efímera paz y felicidad y su muerte.

En ambas etapas, vemos que Andrés Hurtado no deja de buscar un significado para la vida, negándose a creer que no haya algo bueno en la gente, en las situaciones, a pesar que sus experiencias le indiquen lo contrario.

En cuanto a la organización externa de la novela, que sería el índice de ésta, se divide el contenido en siete partes, cada una de ellas con un título muy significativo, que constan de un número desigual de capítulos cada una (habiendo 53 en total, cada uno con su título correspondiente también, y que son relativamente cortos, dado el gusto de Baroja por la frase corta y el párrafo breve para hacer la novela poco aburrida, como él decía).

Primero la formación que corresponde a sus primeras experiencias universitarias. Segundo, la experiencia social, cuando acude a su tío para comentar su sentir. Luego la imperturbabilidad, la serenidad sentida en el pueblo burgalés, rota por la muerte de su hermano. Hay entonces un paréntesis y luego sigue la parte de su vida como médico, sus primeras experiencias profesionales y sociales, sus experiencias como médico en Alcolea y luego el breve período de paz y felicidad cuando su matrimonio, roto definitivamente por la muerte de su hijo y de su mujer Lulú, culminando con el suicidio de Andrés.

Los años de formación, que habíamos señalado como el primero de los dos grandes bloques, están recogidos en las tres primeras partes de la novela y los de su experiencia como médico en las tres últimas.
Hay un intermedio reflexivo, la cuarta parte, “Inquisiciones”, que constituye un paréntesis filosófico, que, más que separar los dos bloques, los enlaza. Andrés Hurtado mantiene una larga conversación con su tío Iturrioz. Consta de cinco capítulos y constituye el núcleo intelectual de la novela.

Encontramos en una construcción simétrica, reforzada por una serie de correlaciones entre las distintas partes de la novela. Observamos así un paralelismo entre primera y quinta parte (que constan de 10 y 11 capítulos respectivamente), entre segunda y sexta (9 capítulos ambas) y tercera y séptima (5 y 4), constando la cuarta parte, Inquisiciones, de 5 capítulos.
Esta construcción queda reforzada por el casi idéntico número de capítulos de que constan las partes entre las cuales se establecen correlaciones. Esta misma correspondencia, como hemos podido ver al dividir la novela en dos bloques más un intermedio reflexivo, se da además en el contenido.

Personajes y caracterización

Es importante resaltar que Pío Baroja es uno de los escritores que más presente se hace en sus propias creaciones.
Siendo el personaje principal Andrés Hurtado, aparecen en la obra multitud de personajes, principales, secundarios y colectivos, caracterizados de diferente forma unos y otros y que, junto a los ambientes presentados también en la novela, ayudan a darnos una idea de la realidad y la vida española en el tránsito del siglo XIX al XX.
Los personajes principales son Andrés, Lulu e Iturrioz. Los secundarios son su padre, sus amigos y sus hermanos, existiendo una serie de personajes que podríamos llamar colectivos y que son las personas que le rodean.

Personajes principales

Su caracterización se configura paulatinamente. Baroja se inclina por la pintura progresiva, viva y rápida. Recurre, por ejemplo a la contraposición del personaje o de sus ideas con las de otro personaje: Baroja comienza caracterizando a Andrés en el capítulo tercero en contraste con su familia. Habla de su padre, de su desacuerdo con él, del contraste de las ideas políticas de uno y de otro. Así mismo, los personajes se caracterizan también progresivamente mediante su actuación y sus propias palabras. Los define poco a poco, en situación.

Andrés Hurtado
Al final del primer capítulo ya comienza la caracterización de Hurtado, que irá completándose en los siguientes capítulos, hasta el final de la novela, ya que Andrés va evolucionando a lo largo de ésta y va adquiriendo espesor humano.

Es presentado como un joven humano, generoso, anti burgués y entusiasta de Espronceda. Nos habla Baroja de sus gustos y sus opiniones en siguientes capítulos, comparándole, por ejemplo con Julio Aracil con quien Hurtado está muy en desacuerdo en cuanto a sus ideas.

También vemos que Andrés es un joven médico al principio muy ilusionado y sensible, pero al mismo tiempo escéptico y con gran sentido crítico. Su pesimismo, a su paso por el hospital de San Juan de Dios, su depresión y su melancolía, van de acuerdo con la filosofía de Schopenhauer. Por otro lado, se nos presenta también esa ternura que siente por los seres más desvalidos y su exaltación humanitaria, también en el hospital, en su enfrentamiento por el médico a causa de lo ocurrido con la enferma y su gato.

Se revelan datos de su ideología, por ejemplo, por la impresión que produce en Andrés Hurtado la reunión de anarquistas, haciendo Baroja una alusión a sus ideas políticas.

De aquí, de los contrastes de Hurtado con otros personajes, y de su actuación a lo largo de la novela, se arma la personalidad de Andrés Hurtado: es un joven desconcertado, que no encuentra un sistema ideal en que basar su vida, ni siquiera en la intelectualidad; constituye uno de los exponentes de los conflictos existenciales del intelectual del siglo XX; alternan en él la ilusión y la desilusión y su desengaño va aumentando a lo largo de la novela; es un personaje antisocial que siente desprecio por el rico y simpatía por el pobre, odia la sociedad sorda e indiferente, que le hace daño y sentirse mal; no encuentra ya nada que le guste o le haga feliz.
Cuando Andrés se hace médico de gente pobre su cólera e irritación van creciendo cada vez más, hasta el punto de que ya tampoco siente esa ternura por los seres desvalidos del principio de la novela. Tan solo puede sentir disgusto, molestia y desilusión.

Encuentra una aparente tranquilidad al casarse con Lulú. Está encantado con su mujer, su familia y su casa y consigue un trabajo como traductor, que también le hace feliz. A pesar de esto, Andrés tenía una premonición, presentía que tras esa nueva ilusión vendría de nuevo la desilusión, el dolor… Sentía que en su vida había una ventana abierta a un abismo y temía que este volviera a abrirse ante sus pies. Cuando Lulú y el niño mueren, Andrés pierde su confianza en la ciencia, al no poder la medicina salvar a su esposa, y tan sólo le queda la compasión de los demás. Andrés, incapaz de seguir soportando las crueldades de la vida, se suicida.

Lulú
Lulú, como personaje principal, es caracterizada paulatinamente, al igual que Hurtado o Iturrioz. Parece, en un principio, que no va a tener tanta importancia como cobra al final. Lulú es la esposa de Hurtado y es un personaje inventado, un ingrediente novelesco, uno de esos espléndidos tipos de mujeres frecuentes en Baroja, que dedica dos capítulos a este personaje. Lo presenta como un producto marchito por el trabajo, la miseria pero inteligente. Se da una descripción física de ella y se la presenta en contraste con su hermana Niní. Graciosa, con sonrisa de malicia, era lúcida y mordaz a la vez. Su personaje tiene un fondo muy humano y muy noble, es tolerante, desenfadada, franca y no aceptaba derechos ni prácticas sociales preestablecidos. Lulú siente, al igual que Andrés (y Baroja también), esa ternura por los seres desvalidos, es sincera, tiene el afán de analizarlo todo. En los rasgos de Lulú podemos ver proyectado el talante de Baroja, que incluso dedica un capítulo a este personaje en sus memorias. Aunque es un personaje insignificante en principio, cobra un desarrollo autónomo y progresivamente se hace más importante en la novela hasta convertirse en un personaje principal.

Iturrioz
Aparece por primera vez en la segunda parte de la novela en el capítulo llamado “La crueldad universal” y comienza ahí su caracterización, que continúa a lo largo de las apariciones de este personaje en la novela. Es un filósofo escéptico, pero más realista que Andrés. Baroja se sirve de él para todas las discusiones políticas y para exponer las preocupaciones de la época y sus ideas.

Personajes secundarios

Baroja caracteriza a estos personajes con trazos rápidos, aunque también se detiene en ellos. Son retratos ligeros, según la incidencia o repercusión que tengan en los personajes principales aunque sus figuras, por lo general, van muchas veces cargadas de una gran ironía y sentido satírico o llenos de ternura y compasión. Podemos citar a Luisito, el hermano de Andrés, dotado de ternura; a su padre, de cuya personalización se sirve para caracterizar también a Andrés en la primera parte de la novela, dadas las diferencias entre ellos y presentado como despótico y arbitrario. Otros personajes secundarios son amigos de Andrés como Aracil, individuo cínico, vividor y sin escrúpulos, y Montaner. También aparecen Villasús, un autor dramático que se nos presenta en Las moscas, inspirado en el escritor Alejandro Sawa (que sirvió a Valle Inclán como modelo para el Max Estrella de Luces de Bohemia), y que figura de nuevo en el capítulo La muerte de Villasús y Manolo “el Chafandín”, un chulapo yerno de la señora Venancia, que vivía a costa de ella y perteneciente al entorno de Lulú.

Es de notar que en ocasiones no se justifica por necesidades del argumento central el detenerse en un personaje, pero ello es debido a la tendencia de Baroja a “entretenerse en el camino”.

Otros personajes

Por último hay una amplísima galería de personajes esbozados que son personajes colectivos y que constituyen el ambiente, el telón de fondo de la novela: los profesores, las gentes del pueblo, los alumnos de la universidad y que con sus actitudes y formas de ser influirán directamente en la personalidad de Andrés.

Ambientes y temas

– EL TEMA DE ESPAÑA
Es importante destacar que los ambientes y personajes que aparecen en la novela, nos presentan la realidad española de la época como un panorama desolador, como una sociedad y un país que se descomponen.
España es el marco en el que se desenvuelve la vida de Andrés Hurtado y a la vez es uno de los propios temas de la novela. A través de Andrés, Baroja denuncia las anomalías, los absurdos de esa España. Y refleja Baroja esta realidad española distinguiéndola entre la España urbana y la rural. La primera está representada por la ciudad de Madrid. Baroja traza una despiadada radiografía de la vida política con la irresponsabilidad de los políticos, que engañan al pueblo y una miseria social, encarnada en el entorno sórdido de las casas de la vecindad y en el ambiente de la prostitución. El ambiente cultural denunciado por la pobreza intelectual, representada, por ejemplo, en la ineptitud de la mayoría de los profesores, con un atraso en ciencia y cultura en general, quejándose que no haya en España más chulos y juerguistas y que en los periódicos no se hable más que de toreros y políticos, ante la indiferencia del pueblo pues reina un absurdo optimismo frente a la gravedad de hechos como el advenimiento de la Primera Guerra Mundial. A los españoles, en general, no les preocupa ni la pérdida de las colonias, ni en general por lo que sucede en su país.
En cuanto a la España rural, representada por Alcolea del Campo, aparece que la realidad en el entorno del campo no es menos penosa que la urbana. La vida en Alcolea padece de la rapacidad, el egoísmo, la ineptitud, la falta de solidaridad y en general de la envidia de la sociedad, anclada en una moral católica puritana, estrecha, llena de prejuicios agravado todo ello por el caciquismo y la iniquidad social, ante la que Andrés siente una cólera impotente. Como en el medio urbano, también existe mucha miseria social, pobreza cultural y pasividad ante las injusticias.
Andrés compara Alcolea con un gran cementerio. Allí se siente cada vez más relegado al papel de espectador, lúcido pero escéptico, de aquel absurdo panorama social y ve cada vez menos posibilidades de acción y su instinto antisocial se va acentuando.

– EL EXISTENCIALISMO (Inquisiciones).
Junto al alcance social de la novela, se encierra también una significación existencial.
La vida de Andrés es la historia de una inadaptación. Andrés Hurtado es testimonio de ese malestar y ese pesimismo vital tan extendidos entre los intelectuales de la época.
El problema social queda subordinado al individual. Andrés no busca una solución a sus problemas, sino una respuesta a su dilema interno, busca una verdad práctica y espiritual al mismo tiempo, una orientación, la comprensión de la naturaleza humana. Trata de encontrar un asidero intelectual en la filosofía ante esta búsqueda. Encuentra esta comprensión de la naturaleza humana en la filosofía de Schopenhauer, por el que se inclina cada vez más, determinando la presencia de éste la estructura de la novela, que es casi una proyección de su filosofía.
Desde las primeras páginas podemos observar que toda ilusión acaba en decepción. Todo esfuerzo de Andrés acaba en frustración y no hay esperanza en el porvenir. Las circunstancias derrotan pronto a Andrés, presenciando el dolor de los enfermos, la crueldad de la gente del hospital.
En este proceso evolutivo de Andrés alternan la ilusión y el desengaño, de tal forma que Andrés se va aislando poco a poco de la sociedad a causa de un exceso de sensibilidad, que choca con el ambiente que le rodea y le condena a un profundo sufrimiento.
Todo este dolor despierta la compasión en Andrés, aunque se da cuenta de que “la piedad no aparecía en el mundo” y sus ojos sólo ven miseria y males y la maquinaria social aparece como una bestia cruel.
“El árbol de la ciencia” es una reflexión, una meditación crítica, un análisis sobre la experiencia de vivir.

– “INQUISICIONES”
Para algunos críticos, esta es la parte que delata el concepto de Baroja de la filosofía de Schopenhauer, que se pone en boca de Iturrioz y de Andrés.
La muerte de su hermano despierta en Andrés una vez más la conciencia del dolor, lo que le lleva de nuevo a sus inquisiciones filosóficas. La preocupación principal de Andrés es la de encontrar un plan filosófico que le explique el mundo y la vida. A lo largo de toda esta cuarta parte (“Inquisiciones”) se plantea un largo razonamiento filosófico sobre la realidad y el conocimiento, que se desencadena a partir de la pregunta ¿Qué piensas hacer? que Iturrioz hace a su sobrino. Se nos ofrece una radiografía de las ideas de Andrés Hurtado, a las que llega de una forma deductiva a partir del conocimiento y del sentimiento. Iturrioz es escéptico en cuanto a la idea de encontrar el plan filosófico que busca su sobrino. El diálogo se concentra en un tema capital: la vida. Para hablar sobre este tema se basan en un pasaje bíblico: hacen referencia al Génesis. Esto sirve para explicarnos el título de la novela (cuando hablan del árbol de la ciencia y del árbol de la vida). La vida está regida por la voluntad y la inteligencia. El instinto vital da un sentido optimista a la vida, siendo la ciencia la única capaz de vencer las supercherías que el instinto vital ha inventado. Andrés considera que la ciencia es la única esperanza del hombre e Iturrioz duda que pueda llegarse a una construcción mejor.

Podemos observar dentro de esta cuarta parte también, una construcción simétrica, siendo el capítulo central y más importante el que da nombre a la novela: “El árbol de la ciencia (y el árbol de la vida)”, como si hubiera una obsesiva preocupación por la organización interna de la novela.
A pesar de ser una parte tan distinta, no significa una ruptura total del desarrollo de la novela ni supone una salida de tono.

Tras esta cuarta parte parece que pasa de la contemplación a la experiencia, aunque no llega a abandonar su actitud inquisitiva. Ya no experimenta cólera, se siente divinizado y pierde su espíritu agresivo. Prácticamente todo le es indiferente pero Hurtado permite que un impulso sexual perturbe su ataraxia y paz interior y mantiene una relación con la mujer de la casa. Precisamente dice Schopenhauer que los impulsos sexuales son una de las cosas que pueden acabar con ese estado de serenidad y paz interior.

Luego, tras su vuelta a Madrid, contrae matrimonio. Es feliz y parece que ha solucionado su problema de qué actitud había de tomar ante la vida. Andrés se limita a un círculo pequeño, a su mundo, apartado de la sociedad y de todo aquello que le producía dolor, y es sumamente feliz. Sin embargo, todo esto se ve amenazado por los pensamientos, pesimismo e inquietudes de Andrés, que se figura que en su vida asecha una amenaza. Al final esa amenaza se hace realidad. Cuando Lulú queda embarazada, a pesar de que Andrés considera que no debe tener descendencia, esa ventana se abre de par en par y se precipitan los acontecimientos: mueren el niño y Lulú y Andrés se suicida.

La muerte de Andrés representa para unos el desenlace más trágico del conflicto entre vida y conocimiento. Para otros, la muerte de Lulú le saca de su paz y serenidad y él, incapaz de soportar de nuevo la imposición de la voluntad de vivir, se suicida.

La muerte de Andrés cierra la novela y obliga al lector a preguntarse qué quieren decir las últimas palabras de ésta, pronunciadas por el médico: “Había en él algo de precursor”. En estas palabras se encierra una cierta ambigüedad. Para unos críticos esto abre la obra hacia una cierta esperanza: su vida no fue en vano y tal vez algún día la vida pueda comprenderse gracias al conocimiento.

Autobiografismo: Baroja en El árbol de la ciencia

En sus Memorias, Baroja explica que en Andrés Hurtado puso sus preocupaciones de médico y de aficionado a la filosofía y que en su novela hay una alusión a tiempos pasados. En ella aparecen los compañeros, algunas muchachas conocidas.

Representa Baroja un mundo y un ambiente que le son muy familiares: su vida de estudiante, sus primeras experiencias como médico, sus propias inquietudes filosóficas que transformadas literariamente dan lugar a “El árbol de la ciencia”.

Es innegable el carácter autobiográfico de esta novela. Baroja estudió medicina, la ejerció, como médico titular, en un pueblo guipuzcoano (el equivalente de la Alcolea de Hurtado) y tuvo también sus diferencias con el otro médico del pueblo; Luisito está entrelazado con la imagen del hermano mayor de Baroja; se pueden reconocer a algunos personajes como sus amigos, o el misterioso hermano Juan; el ambiente que rodea a Baroja es el mismo que el de Andrés; Baroja tuvo como profesor a Letamendi, al igual que Hurtado; los libros que leen son los mismos; Sienten la misma simpatía por la mujer de la casa, Andrés en Alcolea y Baroja en Cestona.

Es tan estrecho el contacto entre el mundo de Baroja y el de Andrés Hurtado, que Baroja transcribe literalmente fragmentos de la novela en sus Memorias.

La crítica ha sido unánime en los puntos de contacto entre el protagonista de la novela y Baroja, aunque algunos, como Ortega, amplían el carácter identificativo a toda una generación: Hurtado no sólo representa a Baroja, sino también a todo el grupo de escritores que comienza a publicar hacia 1898.

Estilo

La prosa es característica de Baroja, con párrafos breves, sencillez, claridad, exactitud y una búsqueda de la economía expresiva, lo que da lugar a capítulos cortos. Es, ante todo, una novela de personaje, que narra la vida de un protagonista de forma lineal, a veces fragmentaria. A veces se interrumpe la narración al intercalar Baroja descripciones de ambientes o personajes, debido, como anteriormente anotado, a su tendencia a “entretenerse por el camino”.

Hay distintos tipos de diálogo, coincidiendo la forma de expresarse cada uno de los personajes con su posición, su formación, su cultura. Cada uno utiliza el lenguaje que le corresponde en cuanto al estrato social al que pertenece, lo que hace que los diálogos rebosen naturalidad expresiva. Así mismo utiliza vulgarismos y términos coloquiales.

Para las descripciones, generalmente breves, Baroja recurre a distintos recursos, paralelos a los que se utilizaban en la pintura impresionista de la época, con efectos de luz, colores, situando el paisaje descrito en un momento concreto del día.

También muestra Baroja inclinación por la descripción perspectivita, que contempla el paisaje desde un punto determinado, generalmente por encima de lo descrito u ventana, utilizando además una austeridad de recursos pues se usan, a veces, de una forma tan sencilla que parecen no existir.

Otro aspecto clave en el estilo de Pío Baroja son las descripciones, que llegan al lector a través de la perspectiva del personaje, atendiendo al efecto que lo descrito causa al protagonista. Se produce una proyección de la valoración de Andrés. Parece que se suplanta la realidad por la valoración ética o la impresión u opinión de Baroja y el protagonista: se trata de la técnica del Improperio. La construcción enumerativa es la base de muchas de las descripciones de personajes, en las que Baroja nos muestra la valoración ética, casi siempre negativa, que hace Andrés del personaje descrito. Hay una preferencia por el adjetivo de desdén, ya que muchos adjetivos utilizados en la novela significan rechazo (caído, miserable, absurdo…). El resultado de esto es provocar en el lector la constante impresión del mundo y la vida como algo deprimente y así justificar el pesimismo del protagonista.

Y sin embargo, hay un rasgo llamativo del estilo de Baroja que es la ironía, el humor sarcástico, como una forma de “humor negro”.

Conclusión

Es indiscutible que esta novela es una buena muestra de cómo Baroja y sus coetáneos anticiparon buen número de los temas de las corrientes existenciales contemporáneas, además de ser la novela más representativa de las barojianas. La obra es en sí, toda una radiografía de la sensibilidad y de los conflictos espirituales de la época.

Sin embargo y a pesar de que Pío Baroja poseía un bagaje intelectual, unos conocimientos y una formación considerables para su época y en particular, para la España “chabacana” de aquel tiempo, su formación no era adecuada para hacerse una idea cabal de la situación y ofrecer una interpretación ajustada. Era una época de huelgas, atentados, luchas callejeras entre bandos distintos y la brutal represión del poder constituido contra unos y otros, no era un telón de fondo idóneo para que los hombres de la época analizaran con ecuanimidad la situación de España. Y si a ello agregamos al cabo de poco tiempo, el advenimiento de la Primera Guerra Mundial y las crisis de los sistemas democráticos en Europa, era evidente que existía una crisis en todos los terrenos y un clima perturbador. Y Baroja no fue una excepción a este desconcierto, que en su caso se vio agudizado por su peculiar idiosincrasia. Fue el propio Baroja, con sus contradicciones, quien sembró el desconcierto que aún hoy perdura.

Pío Baroja fue sin duda uno de los grandes escritores de la España del siglo XX, casi cincuenta años después de su muerte, Baroja sigue siendo un escritor actual. La lectura de sus obras, indudablemente constituye una experiencia vital e indispensable.

 

Bibliografía

Obra principal:

Baroja, Pío. El árbol de la ciencia, ed. De Pio Caro Baroja, Madrid, Catedra, 2004.

Obras secundarias:

Cueto Pérez, Magdalena. Aspectos sistemáticos en la narrativa de Pío Baroja: El árbol de la ciencia, Oviedo, Servicio de Publicaciones, 1985.

Mendoza, Eduardo. Pío Baroja, Barcelona, Omega, 2001, págs. 90-93.

Regalado, Antonio y Lasaga, José. Lecturas y diálogos entorno a Pío Baroja, Madrid, Anejos Arbor, 2011, págs. 14-15, 248-251

Rivas Hernandez, Ascención. Pío Baroja. Aspectos de la técnica narrativa. Cáceres, Universidad de Extremadura, servicio de publicaciones, 1998.

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