Análisis de Luces de Bohemia de R. M. Valle Inclán


“Don Ramón del Valle Inclán ensanchó el paisaje de la producción literaria y dio un nuevo contenido a la palabra «esperpento», alejándola de un cercado nivel coloquial para elevarla a climas de sutil y arriesgada aventura.” (Zamora, 1969: 124)

Ya conocemos la obra de Valle-Inclán Luces de bohemia, y la hemos tratado en más de una clase. No querría caer en la simple descripción superflua de la obra, así que en el trabajo a continuación me centraré en un análisis más detenido de las dos últimas escenas de la obra. Además a lo largo de la exposición veremos cómo la declaración de Vicente Zamora se cumple al pie de la letra.

ESCENA XIV

Breve resumen:

Dos sepultureros cavan la fosa de Max y charlan sobre el hombre de letras que van a enterrar, un hombre de mérito, pero en España sólo se premia lo malo, dicen. Llegan enseguida El Marqués de Bradomín y Rubén Darío, que vienen al sepelio de su amigo Max. Filosofan sobre la vida y la muerte y recuerdan a los sepultureros de Ofelia para seguir hablando del Hamlet de Shakespeare. El Marqués habla luego con los sepultureros y dándoles una propina les dice que no saben mitología pero son dos filósofos estoicos. 

Personajes:

El esperpento implica que el modelo por deformar esta ya en bancarrota, así como lo están los héroes clásicos a veinticinco siglos de su creación o la España de la obra. Entre los personajes de Luces de bohemia algunos son emblemas de esta ruina:

Los sepultureros son los arquetipos de la técnica de Valle-Inclán de deformación de los seres, ya que aquí estos dos personajes son los más lúcidos. Por ejemplo en la página 191 uno de ellos declara: “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza” (Inclán, 2011: 191). Este es un rasgo estilísticos que caracterizará las últimas obras de Valle: la actitud amarga y el resentimiento producido por la farsa de la realidad española, la técnica de caricatura y la sistemática deformación de seres y cosas; y el lenguaje violento y popular de las clases baja.         Estos dos personajes son el pueblo, el “proletariado intelectual” como los llamó Christina Karageorgou-Bastea.

Valle atribuyó el carácter esperpéntico a los personajes más humildes y vulgares por medio de la sátira, la ternura y la desolación resignada por parte de estos a su condición de miseria social y moral, esto lo sustenta Zamora Vicente afirmando que todos esos personajes tienen en común el hecho de “participar en el mismo desfile de gentes sin suerte, sin alientos ni futuro” (Zamora, 1969: 37)

 Después pasamos a Rubén Darío que junto al Marqués de Bradomín son los únicos personajes del mundo de la cultura que no aparecen ridiculizados. Para hacerlo más breve ya que no es la primera vez que nos encontramos con Rubén Darío en la obra. Hay que decir solamente que en esta escena recibe un retrato auténtico a la hora del dialogo con el Marqués. Sus mutismos y lacónicas contestaciones como “admirable” (páginas 194, 201) son rasgos únicos del poeta. 

El Marqués de Bradomín apreciaba a Max pero sin prestarle demasiada atención: “Max era el hijo de un capitán carlista que murió a mi lado en la guerra” (página 195). Aparece de un modo algo cínico ya que esboza la relación que podría haber entre Shakespeare y la situación en la que se encuentra el teatro español a principios del siglo XX: “Hamlet y Ofelia, en nuestra dramática española, serían dos tipos regocijados. ¡Un tímido y una niña boba, lo que hubieran hecho los gloriosos hermanos Quintero!” (p.197).    El Marqués es tan real como ficticio, en efecto este es la figura como alter ego de Valle-Inclán, pero además denuncia en su literatura la animadversión del trato entre literatos bohemios y editores rapaces. Al final de la escena vemos como el Marqués quiere vender sus obras a un editor “bandolero”. Sus memorias corresponden a las Sonatas, escritas por Valle-Inclán con el subtitulo Memorias de Marques de Bradomin y publicadas al principios del siglo XX.

Después de haber hablado brevemente de los personajes me gustaría detenerme con más precisión en los temas de esta escena.

Temas:

Desde el inicio se entra en el campo semántico de la muerte: “calle de lápidas y cruces”, “cortejo fúnebre”, “hablan en voz baja”, “sombras rezagadas”. Lo que nos demuestra que poco a poco vamos adentrándonos en un callejón oscuro y sin salida en el que la muerte es la escapatoria. El Marqués y Rubén Darío hacen un análisis filosófico propio de los hombres de letras que son en un momento difícil para ambos: el entierro de Max Estrella. Lo interesante en este diálogo ideológico es que descubrimos dos concepciones contrapuestas de la muerte: la concepción pagana que proviene de Rubén Darío y la concepción cristiana, proveniente del marqués. Mientras que Rubén      utiliza el termino pagano “cementerio” el marqués opta por la opción cristiana, es decir “campo-santo”.
¿Qué podemos deducir de esto? En mi opinión, el autor nos quiere dar aquí la receta de una muerte digna; es decir no importa cómo veamos la muerte ni cómo qué pensamos del más allá, lo importante es tener un oficio y ser despedido por los más allegados de la persona difunta. Además ambos discuten sobre el término necrópolis que lleva a connotaciones paganas griegas, donde “necron” significa muerte.

Tras un tema tan grave, la segunda parte de esta conversación se remonta a algo mucho más banal, los dos personajes hablan de la amistad con Max, y de la “eternidad” de los personajes literarios. Valle aquí contrasta la fugacidad de la vida real con la de la fama, pero lo hace con ironía y sarcasmo. Parece que Valle trata del tema con una actitud especulativa sobre la muerte y una actitud crítica hacia la “divinización de la muerte” muy propia de nuestra cultura, pero que se remonta ya a la época clásica y a la mitología en dioses como Plutón y Ades. Ironía y cinismo afloran en el texto; un cierto cinismo por parte del Marqués ya que dice que el espera ser eterno por sus pecados (p.194) pero insiste en que no cambia su bautismo por una sonrisa de cínico griego.

Es una contraposición interesante y una oposición de la expresión literaria entre la actitud de Rubén y su paganismo modernista con la añoranza de Grecia, frente al Marqués de Bradomín, católico y sentimental que como español defiende el sentido que la muerte tiene en el catolicismo.
A diferencia del diálogo informativo donde el carácter es predominantemente funcional y se subordinan a la progresión del, el diálogo entre el Marqués de Bradomín y Rubén Darío es un diálogo ideológico, donde la acción no progresa ya que lo que importa verdaderamente es lo que se dice. Esto lo utiliza Valle-Inclán en momentos que quiere calar bien su mensaje y hacer reflexionar al lector. Son diálogos a modo de cuadros de costumbres.

Otro de los temas resaltados en esta escena es la literaturización, claro ejemplo del esperpento ya que el autor mezcla lo culto y lo popular Hay diferentes registros de lengua y lo usa como un mecanismo, por ejemplo identifica y caracteriza a Rubén, como ya lo hemos citado antes con la palabra: “admirable”. Otro de los aspectos de esta literaturización es la aparición de personajes reales relacionados con el mundo literario; Rubén Darío, Alejandro Sawa.  Del mismo modo tenemos la aparición de personajes ficticios de otras obras: el Marqués de Bradomin es el protagonista de la obra anterior de Valle Sonatas. Y otro aspecto indudablemente muy Valleinclanesco es la manifestación de recreaciones de situaciones dramáticas de obras clásicas, como por ejemplo el dialogo entre el Marqúes y Rubén Darío tiene muchos puntos en común con el de Hamlet y el enterrador en la obra de Shakespeare. Esta literaturización confiere a la obra, en mi opinión dos aspectos ligados entre sí; el papel activo del lector como descifrador de enigmas o en este caso de situaciones y el efecto de la lectura sobre la vida real; la dispocición literaria del límite, algunas veces imperceptible, que separa la ficción de la realidad.

Espacio:

Aunque toda la escena se desarrolla en el cementerio hay un momento que vale la pena destacar. En la segunda acotación de la escena vemos a dos figuras caminar en silencio y detenerse ante la tumba ya aterrada de Max, a los sepultureros apisonar la tierra y, tras su faena, beber del mismo botijo. Hay un gran aspecto pictórico; el contraste negro/blanco; el contorno de las figuras se acentúa sobre el muro de lápidas blancas. Es un contraste muy simbólico y un simbolismo cruzado entre las palabras: lápidas-muerte-blancas y figuras-vida-negras, como Si Valle-Inclán nos quisiera mostrar que la vida y sociedad de la época están en decadencia y son obsoletas. El único renacer posible para España, es la creación de una sociedad más justa con un modelo de gobierno estable y esto vendría solo a través de una muerte simbólica, en este caso la del poeta Max Estrella.

ESCENA XV

Resumen:

La escena vuelve a la taberna de Pica Lagartos para culminar el drama. Don Latino de Hispalis convida al Pollo del PayPay. Don latino se atribuye la tarea de editar la obra de Max, a quien de nuevo compara con Vítor Hugo. Enseguida se descubre que Don Latino cobró el décimo de lotería que pertenecía a Max y casi toda la escena se concentra en este hecho hasta la última página en donde el drama se desvela y se descubre una noticia nefasta en el periódico.

Personajes:

A continuación presentaré a algunos de los personajes de esta escena y cómo finalmente descubrimos sus verdaderas intenciones.

A lo largo de toda la obra el lector ya dudaba de las verdaderas intenciones de Don Latino para con Max. En esta escena descubrimos su verdadera cara. Es un personaje cínico, embaucador, maestro de ironía y poseedor un lenguaje repleto de jergas madrileñas. Retiene el dinero del décimo premiado sin dárselo a Madama y a Claudinita. Ya se había puesto su lealtad en entredicho en la escena segunda, en la librería de Zaratustra, donde quería estafar a Max.     Además se ve su mala honra ya que por primera vez se le llama “Crispín” al chico de la taberna pero sólo porque necesita su cooperación y confianza.
Latino también representa antivalores como la adulación y la estafa, comunes en la sociedad española de la época, la cual, dentro del argumento de la obra, intenta justificar su comportamiento apoyándose en el sentido trágico que encuentra de la vida.

Desconocemos la explicación del mote del Pollo del Pay-Pay y tampoco hay ninguna referencia en el texto. El apodo seguramente es una creación literaria de Valle-Inclán, con ella asocia características de la personalidad del personaje con las que se suelen asociar a aves como el gallo; esta ave representa la presunción y el Pollo del Pay-Pay está caracterizado por sus actos, algo chulescos. Es el representante en esta escena de la marginalidad social y delincuencia, casi al final de la escena llega a amenazar a Don Latino con una navaja.

Pica Lagartos, a lo largo de la obra se ha visto como un aliado de los personajes principales; tiene confianza con Don Latino y participa en las conversaciones pero solo por su propio interés. Sin embargo al darse cuenta que éste tiene el dinero de la lotería le pide las cuenta que el difunto supuestamente tenía con el bar. Vemos una vez más cómo el dinero va corrompiendo poco a poco a todos y a cada uno de los personajes de la obra.

Por otro lado tenemos a La pisa bien, como la mayoría de los personajes en esta escena el dinero la corrompe y se ve totalmente interesada en la conversación que mantiene Don Latino cuando se da cuenta que éste esta en poder del décimo premiado. Intenta estafar a Don Latino ofreciéndole tratos (p.208). Se pone a defenderlo también cuando el pollo se pone en su contra.

A lo largo de esta escena vemos cómo un juego de poder y hay un intento de lucha por ver quién se queda con Latino y sus “capitales”. Según mi punto de vista los personajes en esta última escena son totalmente animalizados y sólo se ve su verdadero carácter cuando está en juego grandes sumas de dinero.

 A diferencia de la escena anterior, esta escena la analizaré en tres partes;

Primera parte:

Podemos decir que el final de la peregrinación de Max no llega con su muerte en la escena duodécima sino que llega a su fin aquí con la aparición del botín del número de lotería premiado. Nos encontramos en el mismo microcosmos que en la escena tercera. La Pisa Bien también presente en la escena 3 le da la razón a Don Latino y miente para así poder sacar algún provecho. Nos encontramos de la misma manera con un lenguaje coloquial, estamos en el lugar del pueblo. Además aquí Valle-Inclán hace una crítica implícita de la frialdad y el cinismo de Don Latino: “mala memoria”, “se me había olvidado”, se emborracha después de perder a su amigo pero antes le había intentado robar en varias ocasiones. Es una clara referencia a la “leyenda negra” y a la mala memoria del pueblo español. En la escena 14 ya los dos sepultureros hacían una referencia a esta memoria cuando se refieren a la muerte y dicen “dura poco la pena” (p. 199).

Uno de los puntos importantes en esta primera parte de la escena es la importancia del claro oscuro. El claro oscuro en la puesta de escena es muy importante la “luz de acetilo” (ya descrita desde la escena 3) da una sensación de falsa seducción, esto muestra las verdaderas intenciones de la Pisa Bien y de Don Latino, su complicidad y su codicia.    Además otro dos personajes que se intentan esconder y pasar desapercibidos son Pica Lagartos y el Chico de la Taberna, ellos buscan la “oscuridad” para urdir algún plan que el lector desconoce. Lo vemos gracias a la proliferación de adverbios y adjetivos refiriéndose al esconder: “desliza” (p.206), “hurto”, “disimulada”. Gracias al claro oscuro Valle nos atrae hacia lo menos importante de la acción mientras se confabula un “complot” ilustrado por el movimiento del chico de la taberna detrás de Pica Lagartos.
Por otro lado, el diálogo entre la Pisa Bien, Don latino y el pollo es cada vez más ridículo y cada uno intenta sacar provecho del dinero de Don Latino Al ver que la presión aumenta y el cerco se va cerrando a su alrededor, Don Latino prefiere escapar “a cambiar el agua de las aceitunas” (p.209), es una metáfora vulgar que ilustra su carácter de perro cobarde, y la Pisa Bien se quiere escapar con él.

Segunda parte:

De detrás de los bastidores sale Pica Lagartos para agredir a Don Latino el cual se convierte en un fantoche que “se desmaya en los brazos como un pelele”. El motivo de esta violencia es el decimo de lotería y la supuesta deuda de Max que según Pica Lagartos debería pagar Don Latino. Con la frase “es usted un vivales” se ve claramente que saben que Don Latino robo el decimo a Max. Hay una deformación y animalización de los personajes en esta escena. De nuevo se cierra el cerco alrededor de Don Latino que se ve encerrado por el Pollo, la Pisa Bien y Pica Lagartos. Gracias a la sinécdoque “pupila dilatada” de Pollo nos damos cuenta de la codicia y de estos personajes y de cómo reaccionan ante la más mínima señal de dinero, hasta va a llegar a amenazar a Don Latino con una navaja.
La esticomitia de la pg.211 marca el colmo de la excitación entre los personajes; la Pisa Bien trata de evadirse una vez más con Don Latino.
La última réplica de este movimiento es un sonido de gato “miau” en boca del Pollo lo que es una paradoja y una ridiculización es decir, un esperpento.

Esta parte de la escena nos muestra la animalización del hombre y la degradación de este inframundo de la taberna como lo muestran sus actos, y el nivel coloquial de sus palabras.

Tercera parte:

La tercera parte se presenta con la llegada de la Pacona que marca un cambio y salva a Don Latino del robo o incluso de la muerte. Este personaje es un claro símbolo del esperpento. No solamente Valle Inclan la trate de “periodista”, lo que es una clara crítica al periodismo de la época del autor sino que también la asocia a la Celestina de la obra de Fernando de Rojas; Tragicomedia de Calisto y Melibea. Y digo que es un claro símbolo del esperpento ya que aún la más representativa del pueblo puede asimilarse a un personaje de una de las obras más importantes de la literatura española. Esta Celestina demuestra una gran indiferencia a la muerte ya que aquella que pregona la tragedia “sale como entró” (p.211). Ésta es una muerte anónima. Es inevitable aquí hacer la comparación con la muerte de Max en la escena duodécima en donde se dice “es Don Max el poeta, que la ha pescado” (p.176). Volvemos al tema que recorre toda la obra, el tema de la muerte. Como en la escena anterior y la crítica de los dos sepultureros. Aquí Valle Inclán vuelve a hacer la crítica del olvido y cómo se vuelve algo completamente banal. Poco importa la persona o personas que han caído eternamente en los brazos de Morfeo, lo que importa de verdad para los personajes es su culpabilidad y quedar limpios de conciencia.

Podríamos resumir el esperpento en las últimas catorce réplicas de la obra;
Primero vemos cómo Don Latino intenta librarse de todas las culpas haciéndose la pregunta “¿Por qué habían de matarse?” (p.212), la culpa lo remuerde pero se ve cómo con un cinismo descarado sale victorioso ya que dice “y con el corazón que yo tengo”(p.213). Lo que demuestra una vez más que el único interés de Don Latino para con Max fue el dinero. La escena termina con un rápido intercambio de frases que se ve cómo se acelera hasta las palabras claves. Y lo que se puede destacar de este final es que Don Latino el personaje más grotesco anuncia al mundo la nueva estética de Max Estrella, desaparecido Max, Don Latino se vuelve el portavoz esperpéntico de una renovación del teatro, copia el término, sin llegar a entenderlo (“esperpento”p.213).       Lo que es un esperpento en sí: el desatino y lo absurdo.
Pero sin duda el dato más destacable y la hecho más esperpéntico de la obra nos llega al final en dónde la última replica proviene del borracho. Ese personaje esencial en la obra cuyas intervenciones ya fueron claves en la escena tercera; “cráneo previlegiado” (p.69, 74). La deformación de la palabra privilegiado es el último homenaje a Max Estrella, aquel poeta ilustre pero que murió en la miseria, es además una referencia a Hamlet de Shakespeare.

Esta escena concluye una obra que es casi un manifiesto estético que pone en práctica su teoría dramatúrgica. Es una clara ilustración del metalenguaje teatral del esperpento, dando la definición del esperpento creándolo al mismo tiempo. Además como ya lo citamos con anterioridad reúne los ingredientes del esperpento: intra e intertextualidad, realidad y ficción (Shakespeare, Calderón, las zarzuelas, Darío, marqués de Bradomín), lo grotesco, que implica la deformación (cosificación, animalización…), la parodia, la ironía y el valor dado al lenguaje.

A continuación y por último querría hacer una conclusión un poco más abierta y en vez de concluir la obra me gustaría tratar de buscar el significado del título.

El porqué del título:

Valle-Inclán ha querido recoger en el nombre de la obra las claves para su interpretación. Y como dice J. Thomas Parker “by employing visual strategies to attract the attention and interest of customers” (Parker, 2011: 3)

Mediante ese título nos da a entender que debemos considerar a la luz como el elemento escénico primordial, haciendo juego con la carencia de luz o su ausencia, es decir, con la sombra. La mayor parte de los espacios en que transcurre la acción son sitios cerrados a los que la calle sirve de enlace. Por ello no existe casi luz natural. En la mayoría de las escenas la iluminación es artificial. Se trata de luces lóbregas, mortecinas, débiles.
Como ya sabemos la obra va desde el crepúsculo al amanecer, y se alarga hasta la madrugada del día siguiente. La atmosfera de la obra está muy cargada de crispación, agonía, opresión, desorden… Ya que se juntan las penas de la vida bohemia con las del proletariado de los años 20, explotado y muy mal pagado. Lo que forma a su vez paisajes típicos esperpénticos, ya que si por si solo la mayoría de los ambientes están degradados Valle los deforma aún más.
Las acotaciones que eluden hacer referencia a otros elementos, destacan por mostrar en cada una de las escenas los matices lumínicos diversos, en todas y cada una de las escenas hay por lo menos una referencia a la luz y me pareció muy interesante buscarlas en cada una de las acotaciones, a continuación están los ejemplos en cada una de las escenas:

Escena primera: “queda en una penumbra rayada de sol poniente” (p.44)
Escena segunda: “penetra en la lóbrega trastienda” (p.52)
Escena tercera: “luz de acetileno” (p.61)
Escena cuarta: escena en el exterior : “en la llama de los faroles un igual temblor verde y macilento”, “la luna (…) partiendo la calle por medio” (p.75)
Escena quinta: “bajo la luz de una candileja” (p.92)
Escena sexta: “sótano mal alumbrado por una candileja” (p.99)
Escena séptima: “ circulo luminoso y verdoso de una lámpara con enagüillas” (p.108)
Escena octava: “ante la chimenea que aventa sobre la alfombra una claridad trémula” (p.135)
Escena novena: “las sombras (…) flotan en el vaho del humo” (p.136)
Escena décima: encontramos tres alusiones en las tres primeras líneas (p.148)
Escena undécima: “las luces de una taberna” (p.157)
Escena duodécima: “sobre las campanas negras, la luna clara” (p.163)
Escena decimotercera: “el brillo de un clavo aguza su punta sobre la sien inerte” (p.178)
Escena decimocuarta: “la luz de la tarde sobre los muros de lapidas tiene una aridez agresiva” (p.191)
Escena ultima: “lobreguez con un temblor de acetileno”(p.202)

Es interesante remarcar la ambivalencia que nos encontramos con la escena novena, ya que es la única escena a la que se alude a las luces de la bohemia dorada, es decir, al periodo de esplendor de ese fenómeno, en donde los personajes centrales de la obra, Max y don Latino, recuerdan con Rubén Darío la vida parisina de los artistas y poetas bohemios: “Recuerdan y proyectan las luces de la fiesta divina y mortal: ¡París! ¡Cabarets! ¡Ilusión!” (p.147) Sin embargo, si exceptuamos esa escena en el resto de la obra la luz se vuelve agonía, pues las luces languidecen trémulas y mortecinas como hemos podido ver.

Curiosa y paradójicamente, en una obra que lleva semejante título y que cada dos por tres nos habla de luces y de sombras, el protagonista es un ciego, Max Estrella, una especie de quijote de la poesía que lucha por mantener la lucidez. Este antihéroe alcohólico que afirma que si no fuese por la borrachera ya se habría pegado un tiro es el personaje que simboliza las contradicciones y el último vestigio de la bohemia heroica. Desvelemos también la dimensión simbólica de su nombre, pues de modo irónico don Latino lo llamará “Estrella Resplandeciente” (p.139).

Y por último pero no por ello menos importante es el apunte sobre el subtítulo, en palabras de Christina Karageorgou-Bastea “al no remitir a ningún genero literario el subtitulo remite a una valoración estética: algo contrahecho, feo, deteriorado.” (Karageorgou-Bastea, 2005: 70). Es decir, el Esperpento.

 

BIBLIOGRAFÍA

Obra estudiada:

Valle-Inclán, Ramón María del. Luces de Bohemia, Esperpento, Austral, Madrid, 2003.

Monografías:

Zamora Vivente, Alonso. La realidad esperpéntica. Aproximación a «Luces de bohemia», Gredos, Madrid, 1969.

Artículos:

Karageorgou-Bastea, Christina. “Historia y valor de la ironía en Luces de bohemia.Hispanic Review, Vol. 73, No. 1 (invierno, 2005), pp. 65-89. Consultado el 22/04/2013:

http://www.jstor.org/stable/30040378

Orringer, R. Nelson. “Luces de Bohemia: Inversion of Sophocles’ Oedipus at Colonus”, Hispanic Review, Vol. 62, No. 2 (primavera, 1994), pp. 185-204. Consultado el 22/04/2013: http://www.jstor.org/stable/475103

Urdeix, Josep. “Lúcida agonía de un poeta”, El Ciervo, Año 33, No. 397 (marzo 1984), pp. 41-42. Consultado el 22/04/2013: http://www.jstor.org/stable/40811629.

Phillips, Allen W. “Rubén Darío y Valle Inclán: Historia de una amistad literaria”, Revista Hispánica Moderna, Año 33, No. 1/2 (enero – abril, 1967), pp. 1-29. Consultado el 22/04/2013: http://www.jstor.org/stable/30205614.

Thomas Parker, Jason. “Shed Some Light on the Subject: Teaching Ramón del Valle-Inclán’s Luces de bohemia”, Hispania, Vol. 94, No. 4 (diciembre 2011), pp. 704-714. Consultado el 28/04/2013: http://www.jstor.org/stable/23070058.

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