Análisis de El Gnomo de Gustavo Adolfo Becquer

 


Esta obra de Gustavo Adolfo Bécquer forma parte de “Las Leyendas”, obras en prosa, que aparecieron publicadas de forma esporádica, en diarios y revistas, por lo que este medio limitó la extensión y estructura de su prosa, influyendo en la estructura compositiva pero no en la calidad. Vemos, no solo en ésta, sino en todas las leyendas, un autor profundamente imaginativo que creó una prosa poética sin parangón, llegando algunos autores a afirmar que su prosa es superior a su poesía (Berenguer Carisomo, 1971). No solo en esta Leyenda sino en todas las demás, la calidad poética de las mismas representan el triunfo del relato en prosa y el máximo desarrollo de un género que se comenzó a cultivar en el romanticismo. Las leyendas son poemas en prosa: no se pueden separar al poeta del prosista: idéntica atmósfera, temática y tono se dan en ambos.

Las leyendas tradicionales suelen tener un germen folklórico o literario precedente, por lo que se infiere que Bécquer no se inventó esta leyenda desde un principio, pero con su tratamiento la convirtió en original, aplicando a la narración tradicional la misma tensión de subjetividad que en otros escritos y usando además, técnicas estilísticas adecuadas para que tal relato parezca nuevo, dando objetividad y una nueva presentación a la leyenda.

Por otra parte, vemos que en el curso de la narración de la misma, Bécquer logra un equilibrio entre el argumento (la situación histórica en que se apoya) y los elementos lingüísticos que la conforman, según su desarrollo a principios del siglo XIX y podríamos clasificarla dentro del grupo de las leyendas de temas de “embrujamiento” mas claramente bebiendo de las fuentes del romanticismo.

Por otra parte, para componer este relato, Bécquer al seleccionar una de entre las leyendas tradicionales dejó bien reflejados sus gustos personales y los de su época, con el tema principal relacionado con el misterio histórico. Podemos decir así, que surge un tipo de novela en la que se escrutan minuciosamente las motivaciones de los personajes y las costumbres, donde se desnudan las emociones, las actitudes y los   rasgos que definen tanto la grandeza como la   bajeza del ser humano, en una evolución armoniosa con historias de reyes perdidos en los archivos del tiempo y relatos fantásticos protagonizados por seres del imaginario, los gnomos.

Así mismo, podemos destacar la estrecha relación que guardan  casi todos los textos de Bécquer, entre ellos éste, con experiencias autobiográficas, reflejándose en su obra su experiencia y su relación con su entorno cultural y geográfico, quedando convertidas en literatura ciudades y formas de vida. Se puede rastrear así la geografía implícita en la obra, es decir, los paisajes, la naturaleza, los pueblos y las ciudades que fueron marco de vida del poeta. Podemos señalar también, sin temor a equivocarnos, que no solo esta leyenda sino en general, toda su obra, han sido testimonio de gran diversidad de regiones de España, en las que la curiosidad del escritor destaca las diferentes formas del folklore, tan diversas entre sí. Como las leyendas fueron publicadas en diferentes periódicos de ámbito nacional, servían además para que los lectores de diferentes regiones conociesen las peculiaridades de las demás.

 

A Bécquer se le tiene por el mejor representante de la última época del romanticismo español y precursor de la modernidad del siglo XX mas no por ello podemos obviar la influencia de otros escritores en su obra en general y en particular, la de la escritora cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda no solo en esta leyenda sino mas claramente en las otras. (Ver las semejanzas entre la obra de Gómez de Avellaneda, “La ondina del lago azul” con   “Los ojos verdes” y “El rayo de luna” de Bécquer). Pero aunque la mayoría de los “becquerianistas” reconocen la deuda de Bécquer con Gómez de Avellaneda, insisten tanto en detallar los defectos de “La ondina azul” superados por Bécquer, en la maestría con la que Bécquer refunde la leyenda de Gómez de Avellaneda depurando sus errores, que en última instancia poco importa que ella sea la fuente de Bécquer porque esto no le reporta a la escritora cubana ningún beneficio. Al contrario, parece que haberse cruzado en el camino de la gloria de Bécquer ha terminado por hundir a Gómez de Avellaneda algunos escalones más abajo en el escalafón del mérito literario.

De la misma forma, los relatos folklóricos de Cecilia Böhl de Faber, junto con las narraciones históricas en verso de Zorrilla, se pueden considerar, según algunos autores, como uno de los modelos fundamentales de las leyendas becquerianas y así lo podemos comprobar en “El Gnomo”. La ingenuidad de la historia, la pretensión de realismo, “el fondo de moralidad edificante”, así como la temática religiosa, sobre todo “la devoción popular”, son los principales aspectos que Bécquer toma de los cuentos de Böhl Faber.

Así mismo, los otros modelos más evidentes para las leyendas, incluido “El Gnomo”, provienen de Fernán Caballero y de Zorrilla, sobre todo, cuando el relato es en verso. Los que siguen el modelo de Fernán Caballero, eslabonan en historias originales, sorprendentemente ingenuas en su concepción y con un fondo de moralidad edificante, como ya hemos destacado, elementos que se encuentran en el folklore español. Pretenden el realismo en cuanto aseguran la fidelidad del relato con la tradición, la existencia real de los personajes y la trascripción exacta del lenguaje popular. Hereda así mismo de Zorrilla la descripción arqueológica y la expresión de lo “sublime terrorífico”, mientras que todo lo que tiene que ver con la “verosimilitud realista” procede de Böhl Faber. Y así lo reconoce Bécquer pues concretamente a esta escritora le había expresado su reconocimiento en el prólogo que escribió para “La Soledad” de Augusto Fernán, donde además recordaba la importante labor de rescate de las canciones populares que realizaron tanto Fernán Caballero como Antonio Trueba. Sin embargo, los becquerianistas ponderan los méritos de Bécquer insistiendo en que aventaja con holgura a sus modelos y los mejora ostensiblemente, superando el denominador común de los relatos legendarios de su tiempo a fuerza de talento expresivo. Como ocurre con los posibles modelos populares de sus rimas, vemos en “El Gnomo” y en Las Leyendas en general que Bécquer va así más allá de las tradiciones que recibe. No las transmite, ni las imita, sino que renueva a cada paso el carácter de la creación legendaria: no repite consejas del pueblo, se hace pueblo en la tarea de narrarlas.

Otro aspecto importante en esta obra es el acercamiento a los cuadros costumbristas, tan cultivados en esa época. Bécquer valoraba la tradición popular en todas sus manifestaciones, sabía del valor universal de esa obra anónima que, sin embargo, representa mejor que nadie la naturaleza de un pueblo.

Aquí, Bécquer articula la historia valiéndose de los gnomos, seres que se corresponden con creencias folklóricas europeas y los describe como los espíritus “diabólicos”, los más peligrosos, la imagen del mal, representando así una parte de la dualidad frecuentemente presente en su obra. Ese “mal” también se ve luego personificado en la voz del agua, que incita y remueve las ambiciones de la rebelde Marta. Por otro lado, el bien se vería simbolizado por la “voz de la razón” del viejo que aconseja a las jóvenes ser prudentes y no acercarse de noche a la fuente y en la voz del viento que invoca la pureza del corazón y elevación del alma atrayendo así a la humilde y sencilla Magdalena. Hay así en las personalidades de las dos hermanas, una clara contraposición de rasgos que mantienen su disparidad, contraste que se prolonga en la parte dialogada entre los elementos de la naturaleza: el viento y el agua.

Otro recurso utilizado en esta leyenda es que pasa de la narración indirecta (el viejo que cuenta a las mozas), a la directa, con lo que le pasa a las dos hermanas. Bécquer hace intervenir un relator del hecho que se narra, expresándose en un tiempo verbal diferente, habiendo diferencias entre el tiempo del relator y el del relato, lo que le da al lector la sensación de credibilidad y le exige una complicidad manifiesta.

Encontramos así mismo varios argumentos en la misma narración: el cuento del pastor que entra en la cueva de los gnomos, la diversa fortuna de Marta la rebelde y de Magdalena la tímida y la historia del Rey de Aragón que salvó el reino con riquezas procedentes de esas cuevas.

Un elemento propio de Bécquer que hallamos en El Gnomo y tal vez el más característico, es que el concepto de la leyenda frente a la fantasía lo maneja de la misma forma que los límites de la realidad versus los límites de la imaginación. El lector se siente tan involucrado que no sabe al final si creer realmente en la historia pues aunque se incluyen elementos fantásticos, éstos están tan íntimamente ligados a hechos reales, cotidianos, que la duda se instala en la razón, se pone en juego la verosimilitud.

Otro aspecto a destacar y del que ya hemos hecho mención en varios puntos de este análisis, es que el rasgo general que envuelve toda la obra de Bécquer, incluyendo obviamente “Las Leyendas”, es la tendencia innata a rodear su obra literaria de una atmósfera de misterio, hecho que comprobamos claramente en “El Gnomo”. Así, en conexión con el medio de los relatos fantásticos de Bécquer, debe tenerse presente que en ciertos casos utiliza un tipo especial de descripción para producir en el lector la impresión que una fuerza sobrenatural va poco a poco envolviéndolo todo. Estas descripciones juegan un papel indispensable en la fusión de realidad y fantasía que realiza este último componente: la descripción representa lo real y la narración representa lo fantástico. Reúne en el mismo curso narrativo los elementos reales, que pueden ser costumbristas, como en el caso de esta leyenda, con los fantásticos. Es decir, la vida normal de un pueblo, con su viejo, sus mozas que van a por agua a la fuente, la leyenda de tiempo pasados con sus gnomos, reyes y riquezas fabulosas y el misterio de una desaparición, todo integrado en un único relato de forma totalmente coherente y creíble.

Por otra parte, no podemos dejar de señalar que en esta leyenda se desarrollan los dos caracteres femeninos presentes en el mundo poético becqueriano: la mujer rubia, ideal, soñadora, que se salva de caer en la tentación en la que sucumbe la mujer morena, prosaica, materialista, como las describe Bécquer a continuación p.108:

“Marta era altiva, vehemente en sus inclinaciones y de una rudeza salvaje en la expresión de sus afectos. No sabía ni reír ni llorar, y por eso ni había llorado ni reído nunca. Magdalena, por el contrario, era humilde, amante, bondadosa, y en más de una ocasión se la vio llorar y reír a la vez con los niños. Marta tenía los ojos más negros que la noche, y de entre sus oscuras pestañas diríase que a intervalos saltaban chispas de fuego como de un carbón ardiente. La pupila azul de Magdalena parecía nadar en un fluido de luz dentro del cerco de oro de sus pestañas rubias”.

Vemos así cómo refleja en la obra su particular relación emocional con las mujeres, su vinculación con lo femenino. De hecho, existió en su vida una dualidad de amor poético, propio del romanticismo, con el amor real y la dificultad de entablar relación con el sexo opuesto, que traía exaltación, ensoñación pero también frustraciones, sentimientos encontrados y desilusiones. Sus vivencias con las diferentes mujeres que pasaron por su vida marcaron por lo tanto su obra y lo vemos concretamente aquí con esa dualidad tanto física como de carácter con que retrata a las dos protagonistas femeninas de “El Gnomo”.

Encontramos también presente la dualidad bien/mal, tradición/progreso, fiel a su carácter, pues así como no compartía con los conservadores la defensa a ultranza de las tradiciones, tampoco compartía las ideas de los progresistas, decididos a acabar cuanto antes con lo construido tan difícilmente a lo largo de la historia.

Como último punto a destacar vemos que al final de la leyenda, Bécquer, que al principio del relato no se había mostrado, aquí se manifiesta de una manera declarada en este yo. “Algunas me han asegurado que de noche se ha oído en más de una ocasión el llanto de Marta, cuyo espíritu vive aprisionado en la fuente. Yo no sé qué crédito dar….”

Por lo tanto, con este detalle, se infiere que él recogió esta leyenda de algún lugar de Aragón y articulándola, elaboró una narración a su alrededor, dándole su particular estilo.

 

Conclusión

En general, todos los escritores reflejan de una manera u otra el influjo de su época, sobre todo a través de la moda que siguen o se oponen. Generan un marco de influencias dentro del cual cada autor establece su autenticidad creadora. Así, hay que saber situar a cada autor en su tiempo, lo que da otra pista más para su comprensión. En el caso de Bécquer, su labor literaria además de cumplir con las exigencias de la época, estaba en vías de progresión abierta y llega hasta nuestros días.

Al leer esta obra de Bécquer y estudiar muchos de los textos que hablan de su vida y obra, tanto de sus críticos como de los “becquerianistas”, sorprende la desproporción entre los comentarios de su obra y los dedicados a la prosa. Como si su obra poética pudiera disociarse de la dedicada a la prosa. Así y como ya reseñado, la relación que da en ambas a lo fantástico jugando con los límites de la propia realidad es una de sus características que lo hace tan singular. De la misma manera, es destacable la manera como utiliza un lenguaje de sorprendente naturalidad, lo que crea unos lazos con el lector de forma entrañable.

Otro elemento interesante, desde mi punto de vista, ha sido seguir la dualidad presente tanto en la obra como en la vida y personalidad de Bécquer, una consecuencia de la otra, seguramente. Fue un revolucionario, capaz de conmover los cimientos de la sociedad burguesa con su matrimonio fracasado, su sífilis, sus dibujos eróticos y al mismo tiempo, con una poesía y prosa donde se entretejen seres sobrenaturales, espiritualidad, idealidad.

Es de destacar que a pesar de una niñez difícil por la temprana muerte de sus padres, Bécquer poseía una extraordinaria cultura, tanto musical, como plástica y literaria, lo que marcó obviamente su estilo. Al quedar huérfano, su madrina alimentó su pasión por la lectura, reflejándose posteriormente en su obra las claras influencias germanas. Emprendió así mismo, estudios de pintura que dotaron su obra literaria del aspecto propio de la relación que tenía con las Bellas Artes, unos principios estéticos estrechamente ligados con el tradicionalismo ideológico.

Una de las cosas que tal vez me ha impactado más es su interés por expresar la finísima percepción de los matices de la luz y del color, mostrando una consumada intuición de las nuevas maneras de considerar la realidad en el arte, anticipando en su literatura lo que en pintura se le dio el nombre de impresionismo. Como en toda su obra, en “El Gnomo” vemos esas pinceladas de color en la descripción de los lugares, de los sentimientos, las emociones, tan claramente como si las viéramos con los ojos.

De la misma forma, me llama la atención el hecho que Bécquer era un gran creyente que, como decía el poeta americano Walt Whitman (USA 1819-1892), “veía a Dios en todas y cada una de las cosas pero no lo entendía en absoluto”. Sufría al desconocer la posible utilidad de su presencia en este mundo, el verdadero sentido de su enigmática personalidad. La expresión artística, el amor afirmativo y esperanzado, la ruptura y amor perdido, la experiencia del fracaso y otros textos revelan preocupación por la muerte, la soledad, angustias nocturnas, en contraposición con la fantasía y la esperanza. Pero todo lo anterior, su pasión por lo antiguo, la devoción al pasado y la contemplación de las obras y los monumentos y antiguos, no excluyen su admiración por el progreso y su fe en el porvenir, aunque algunos reinterpretan su tradicionalismo con lucidez. Esa dualidad omnipresente tanto en su vida como en su obra es una de las características que hace que considere la lectura y análisis de la obra “El Gnomo”, como muy enriquecedora, en particular por el aprendizaje del exquisito manejo conjunto de realidad versus fantasía.

Y por último, me parece que se debe destacar cómo se enfrentaba Bécquer a sus contradicciones y a sus dudas con una actitud honesta, que veremos aparecer a lo largo de su obra.

Como conclusión, pienso que debemos convertir la filología en un ejercicio de comprensión y enriquecimiento del texto original, conservando en lo posible la condición humana que rodeó su creación, una manifestación más del Humanismo que enriquece nuestra personalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

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